
Salón de actos CajaCanarias, jueves 24 de Abril.
Autor y director, Ahmed Ghazali, nos trajo su espectáculo con un reparto de actores de otras fronteras residentes en la isla, y dos titulares de otras compañías de teatro tinerfeñas. La obra nos muestra el recorrido vital de una joven centroafricana embarazada en busca de la mitificada europa. Todo ello rodeado por la metáfora de un cartel totémico al sur de Marruecos que indica el camino a la ciudad de Tombuctú.
Robótico pero ordenado el trabajo de los actores y actrices. Exceso de literalidad en la escenografía. Y el texto... Ay... El texto... Todo a medias, todo demasiado masticado, demasiado lírico, demasiado espejo de lo que pasa... Pero sin fuerza, sin garra, sin drama, sin que por un momento al espectador le llegue la sensación de náusea que debería provocar lo que se relata. Nadie de los que estuvimos en la sala hará nada más de lo que hace por ese continente, no sirve para remover conciencias. Es como leer los titulares del diario sobre el drama de la inmigración, sobre el drama de África, sobre su vandálica conquista por la europa civilizada... Como ver las noticas tan vistas ya por televisión, mientras nos comemos un filete con papas fritas y un vino de Tacoronte en nuestra comodidad del primer mundo. Nos limitamos aplaudir, algunas personas puestas en pie.
En la cola de salida escucho el comentario de dos jovencitas que tengo a mis espaldas: "ya ves, lo que son las mujeres en África: rebaños para los hombres". Me quedo petrificado. Ofendido, casi. Esa es la simplificación a la que llegan. Mientras veía la obra me preguntaba (descartada su validez teatral), si serviría, al menos, como elemento didáctico. Tampoco. Si acaso para los actores noveles.
¿Entonces? Acabo de leer a Agota Kristoff, "Claus y Lucas". Europa es África y sólo somos personas con la fortuna (mayor o menor) de haber nacido en determinados lugares y determinada época. Y no sé si la suerte cae del lado del continente africano, o del europeo, si de valores hablamos.
Lo siento, quería ver algo visceral, algo "fura dels baus", pero más, que removiera, que solidificara, que retorciera, que doliera; que movilizara, al menos, nuestras tripas hacia el cuarto de baño. África no se contenta con palabras, quier hechos, acciones.
Ahmed Ghazali sí me sirve. Él hace. Gracias Ahmed, por tus hechos. Tómate ésto como un aliento, como un "adelante, sigue, busca nuevos límites, los necesitamos, desesperadamente". Insisto: gracias, Ahmed.



